domingo, 10 de abril de 2016

Editorial Numero 2


IGNOMINIA VERSUS LUCHA DE CLASES

La ignominia es la representación clásica de la deshonra, vergüenza, mancha o infamia resultado de una acción culpable (entendiendo la culpa como una acción sin intención) que el sujeto ha realizado, ahora etimológicamente se expresa como una  ignominia esa palabra en latín “ingnominis” que no es más que deshonra u ofensa grave que sufre la dignidad de la persona, es la renuncia al propio nombre, según Larry Márquez Peralta, ahora, de estar en la ignominia representada por la vergüenza antes descrita avanzamos hacia el otro tópico de esta introducción y no es más que la lucha de clases, si, lucha de clases que se entiende en otras palabras como el conflicto entre clases sociales que ha sido la base sobre la que se produjeron los hechos que dan forma a las sociedades. Esta lucha se da principalmente entre las dos clases sociales antagónicas (clase dominante y clase dominada) que se caracterizan por controlar cada una modos de producción.

La clase dominante representada por la burguesía es la clase de los modernos capitalistas, ellos son los propietarios de los medios de producción (recursos económicos, recursos naturales, redes de transporte y distribución, sistema de comercialización, energía, fábricas, máquinas, herramientas y además son los patrones de los asalariados. Los que compran tu fuerza de trabajo. ¿Quieres identificar quiénes son? Fedecamaras, Fedeindustria, Consecomercio, empresas el OSO… que es feo, pero es sabroso. Y demás instituciones cuyos nombres exigen ahora a la clase política dominante (en parte) la derogación de algunas leyes hechas para los pobres. Para ti y para mí.

El proletariado  por su parte es la clase moderna de los asalariados o clase DOMINADA, no son propietarios de medios de producción, se ven obligados a vender su fuerza laboral para subsistir. No poseen participación en la cadena de comercialización, carecen de altos recursos económicos, nunca serán parte de la empresa a nivel de accionistas, no están registrados en Fedecamaras, no entienden de las políticas de Consecomercio, no poseen registro de importadores (por lo tanto no importa que pase con el dólar y menos con el precio del barril de petróleo), es la clase más débil, ojo, cuando no está organizada y consiente de cuál es su papel histórico, solo se limita a ser el operador, el maquinista, el campesino, el obrero, el  chofer, el colector, la cocinera, la secretaria, el oficinista, el comerciante informal, el comprador compulsivo, el consumista, el DOMINADO.

Dejando en claro ambos roles, el de la ignominia y el de la lucha de clases establecemos la relevancia y dignidad que en el proceso revolucionario tiene la lucha entre los dominados contra los dominantes, siempre en procesos dialécticos, de confrontación de ideas, enmarcados en el proceso social, en la exigencia de reivindicaciones dentro del hecho social del trabajo y entendiendo sobretodo que la responsabilidad en una sociedad socialista es de todos, está en combatir la burocracia con eficiencia, en el cumplimiento de las promesas con certeza, en el valor USO de las cosas y no en el valor CAMBIO, la ignominia es lo negro de la historia, es la desdicha.

La lucha de clases debemos entender que solo se da y es permitida bajo un orden democrático y participativo, la definición nos decía que era “una vergüenza, era renunciar al nombre propio” alejémonos de la ignominia a la cual nos han arrastrado, y permanezcamos en pie de lucha, porque lo sucedido el 6D marco el desarrollo de la historia social del país, mostrando que el pueblo, la prole, los plebeyos, la clase obrera no solo espera igualdad en las condiciones materiales, casa, carro, teléfono, línea blanca, línea marrón, educación, salud y otros sino que espera con ansias la expresión máxima de la eficiencia y de una única forma de PODER, que no es otra que OBEDECIENDO AL SOBERANO, AL PUEBLO, tú ¿de qué lado decides quedarte, del lado oscuro de la IGNOMINIA o en el lado del espíritu indómito de la LUCHA DE CLASES?.
Yo decidí por lo segundo, y a no renunciar a mi nombre, ¿sabes cómo me llamo? RESISTENCIA.

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